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La brujería en otras culturas

 

En África Central el 40% de los casos judiciales están relacionados estrechamente con la brujería.

Entre las diversas manifestaciones del chamanismo en el norte del continente americano, está el nagualismo (o nahualismo) mexicano, según el cual el brujo o bruja puede transformarse en su animal protector, que puede ser tanto volador como terrestre, doméstico como salvaje. En América del Sur, según la tradición de Chile y algunas zonas de

Argentina, la transformación de las brujas era principalmente en aves, aunque también se mencionan otros animales; destaca un tipo de bruja o brujo al igual que los Calcu  en la tradición Mapuche , se suponía la capacidad de convertirse en un mítico pájaro conocido como Chonchón.

En Perú los chamanes suelen convertirse en animales de granja, como por ejemplo transformarse en cerdo o cabra.

Referente a la forma de vuelo que se les atribuía en el resto del mundo, en México creían en el nahualismo, acto por medio del cual las brujas practicantes de antiguos ritos prehispánicos podían convertirse o metamorfosearse en aves nocturnas como lechuzas o búhos; en el caso de Chile destacaba la creencia de que el brujo chilote contaba con un macuñ  (del mapudungunmakuñ : ‘manto’ o ‘chaleco’) hecho con la piel del pecho de un cadáver humano. Igualmente en este país y en Argentina se les atribuía la capacidad del vuelo transformado en aves de «mal agüero» (‘mala suerte’), ejemplo de ello es la leyenda de la Voladora.

Autor del texto: Arzobispo Andrés Tirado Pérez

 El aquelarre o Sabbat

Se creía que las brujas celebraban reuniones nocturnas en las que adoraban al Demonio. Estas reuniones reciben diversos nombres en la época, aunque predominan dos: sabbat y aquelarre . La primera de estas denominaciones es casi con seguridad una referencia antisemita, cuya razón de ser es la analogía entre los ritos y crímenes atribuidos a las brujas y los que según la acusación popular cometían los judíos.

La palabra «aquelarre», en cambio, procede del euskeraaker  (‘macho cabrío’) y larre  (‘campo’), en referencia al lugar en que se practicaban dichas reuniones.

Según se creía, en los aquelarres  se realizaban ritos que suponían una inversión sacrílega de los cristianos. Entre ellos estaban, por ejemplo, la recitación del Credo al revés, la consagración de una hostia negra, que podía estar hecha de diferentes sustancias, o la bendición con hisopo negro.

Además, casi todos los documentos de la época hacen referencia a opíparos banquetes (con frecuencia también a la antropofagia) y a una gran promiscuidad sexual. Una acusación muy común era la del infanticidio, o los sacrificios humanos en general.

La principal finalidad de los aquelarres era, sin embargo, siempre según lo considerado cierto en la época, la adoración colectiva del Diablo, quien se personaba en las reuniones en orma humana o animal (macho cabrío, gato negro, etc). 


El ritual que simbolizaba esta adoración consistía generalmente en besar el ano del Diablo (osculum infame ).

En estas reuniones, el Diablo imponía también supuestamente su marca a las brujas, y les proporcionaba drogas mágicas para realizar sus hechizos. Se creía que los aquelarres se celebraban en lugares apartados, generalmente en zonas boscosas. Algunos de los más célebres escenarios de aquelarres fueron las cuevas de Zugarramurdi (Navarra) y Las Güixas (cerca de Villanúa, en la provincia de Huesca) en España, el monte Brocken (mencionado en el Fausto de Goethe), en Alemania,

Carnac en Francia; el nogal de Benevento y el paso de Tonale, en Italia.

Se creía también que algunos aquelarres se celebraban en lugares muy lejanos de la residencia de las supuestas brujas, que debían por tanto hacer uso de sus poderes sobrenaturales para desplazarse volando: por ejemplo, se acusó a algunas brujas del País Vasco Francés de asistir a aquelarres en Terranova.

Algunas fechas se consideraban también especialmente propicias para la celebración de aquelarres, aunque varían según las regiones.

Una de ellas era la noche del 30 de abril al 1 de mayo, conocida como la noche de Walpurgis .

Se atribuía a las brujas la capacidad de desplazarse volando a los aquelarres. Esta creencia se remonta, al menos, a la antigüedad clásica, aunque a menudo fue vista con escepticismo (por ejemplo, en el Canon episcopi  se afrma la absoluta falsedad de esta idea). Los procedimientos empleados para volar varían según los dierentes testimonios: en el Canon episcopi , por ejemplo, se hace reerencia a la creencia de que las brujas se desplazaban en animales voladores. Sin embargo, el medio de locomoción más frecuente, y que como tal ha perdurado en la imagen actual de la bruja, es la escoba.

El simbolismo de la escoba se ha interpretado de diversas formas.

Para algunos autores se trata de un símbolo fálico «wicca »., lo que se relacionaría con la supuesta promiscuidad sexual de las brujas. Otras teorías mencionan que la escoba pudo haber sido utilizada para administrarse determinadas drogas. En cualquier caso, llama la atención al tratarse de un objeto relacionado casi exclusivamente con la mujer.

Con respecto a los vuelos de las brujas, las opiniones de los teólogos de la época estuvieron muy divididas. Para algunos, tenían lugar

Físicamente, en tanto que otros consideraban que se trataba de ensueños inducidos por el diablo. Modernamente se han relacionado con el consumo de ciertas drogas conocidas en la Europa rural, tales como el beleño, la belladona y el estramonio.

Autor:  Arzobispo Andrés Tirado Pérez


Detectan una plaga de brujas en diversos lugares de Huesca

 


El día es luminoso, diáfano; el escenario, encantador. Alquézar está en la oscense sierra de Guara, a orillas del río Vero, y es un pueblo pulcro y monumental, con un edificio sobresaliente: la colegiata medieval de Santa María la Mayor.

Cualquier paseo por las calles del núcleo resulta una delicia, pero no piensen que siempre fue así. Si no me creen, observen las patas de jabalí prendidas en algunas puertas. No las confundan con fanfarronerías de cazador. Tienen un efecto disuasorio, son talismanes. Recuerdan un terror que flageló a los vecinos siglos atrás, una espeluznante plaga de brujas.

La tradición cuenta que todo el Prepirineo oscense estuvo repleto de esos seres malignos. Las brujas de Alquézar, curiosamente, tuvieron una inclinación particular: se especializaron en sortilegios meteorológicos, en conjuros que invocaban aguaceros y granizadas en los momentos más inoportunos para la agricultura. Arruinaban las cosechas siempre que les venía en gana, por capricho. 

Para colmo, firmaban sus fechorías: cuentan que cada bola de granizo incluía un pelo de hechicera. Los alquezranos se defendían como buenamente podían. Recurrían, por ejemplo, al tañido de las campanas de la colegiata, que mantenía a las brujas alejadas. También usaban patas de jabalí porque obstaculizan su entrada en las casas.

Las 'chamineras espantabruxas' dificultan la entrada de las brujas y de sus maleficios

Las 'chamineras espantabruxas' dificultan la entrada de las brujas y de sus maleficios

 Getty Images/iStockphoto

Efectivamente, las brujas pirenaicas intentaban colarse en los domicilios y hacer la vida imposible a sus habitantes. El acceso predilecto era a través del tejado. Seguro que se han fijado en las llamativas chimeneas que se yerguen sobre muchas viviendas de la región. Se conocen como chamineras espantabruxas, y dificultan la entrada de esos seres dañinos y de sus maleficios. 

Algunas exhiben una sencilla losa vertical, otras muestran formas redondeadas, cruciformes... El conducto de la chimenea comunicaba con el hogar, donde se dejaban unas tenazas abiertas en forma de cruz o se dibujaba un aspa en las cenizas antes de acostarse, para cerrar la casa a cal y canto.

Uno de sus lugares de encuentro preferidos por las brujas pirenaicas fue el macizo del Turbón

Las brujas pirenaicas tenían espíritu gremial y organizaban reuniones, una especie de congresos o simposios profesionales. Uno de sus lugares de encuentro preferidos fue el macizo del Turbón, en la comarca de la Ribagorza. Algunas crónicas antiguas recogen cómo jugueteaban con las nubes en la cumbre antes de desencadenar las temidas tormentas.

Por suerte, todos los seres sobrenaturales de la región no son así de aviesos. Precisamente, la comarca de la Ribagorza es célebre por sus encantarias lavanderas, unas hadas que viven en ríos y pozas, si bien prefieren las aguas mansas a las tempestuosas. Tienen un carácter muy tímido, son difíciles de ver, aunque hay una noche en la que evitan ocultarse: la del solsticio de verano, la de San Juan, cuando tienden su colada en las orillas de los arroyos. 

Mientras se seca, se entregan a juegos y danzas hasta el amanecer. Entonces lo recogen todo y regresan a su escondite. Dicen que si alguien consigue apoderarse de una de sus prendas, será bendecido por la buena suerte; también que las ropas de hada son antídotos eficaces contra los hechizos de las brujas.

El monte Turbón y el río Isábena en la Ribagorza, una comarca con presencia de brujas

El monte Turbón y el río Isábena en la Ribagorza, una comarca con presencia de brujas

 Santi Rodriguez

Diversos lugares de Huesca tienen tradición de encantarias. Cerca de Aínsa, por ejemplo, se extiende el Prado de las Lavanderas. También hay rastro de su presencia en las inmediaciones de Villanueva de Sijena y en el Tozal de Asba, próximo al pueblo de Betorz. Por favor, si la casualidad les concede verlas, eviten entrometerse en su actividad, aunque los inviten a participar en ella: algunos testimonios advierten sobre el peligro de quedar atrapados en su mundo para siempre.

Otros seres abundantes en la zona son las princesas o reinas moras, mujeres sometidas a un encantamiento y que tienen algunos poderes mágicos. Ya supondrán que intervienen en historias antiguas, de cuando los musulmanes dominaban estas montañas antes de la Reconquista.

Muy cerca de Aquilué hay el Forato de la Sultana Mora, una cueva escenario de una historia curiosa

Aquilué es un pueblo diminuto en la comarca del Alto Gállego, apenas tiene una veintena de vecinos. Muy cerca del núcleo se abre una cueva conocida como el Forato de la Sultana Mora, escenario de una historia curiosa. Su protagonista fue una vecina del lugar, que adquirió la costumbre de desplazarse todos los días a la gruta de marras. Los vecinos la veían marchar sin saber qué hacía allí; quizá sospechasen algún encuentro de índole romántica, imaginen las murmuraciones. Sobre todo porque la chica empezó a prosperar, su nivel de vida mejoró sin que nadie supiera por qué.

En realidad, se citaba con una mora, a la que desenredaba y componía los cabellos con un peine de oro. A cambio de quedar hecha un bombón, la mora le entregaba todos los días un puñado de pepitas de oro como agradecimiento. El intercambio tenía una condición: que la chica nunca mirase hacia la cueva mientras regresaba al pueblo; de hacerlo, perdería lo ganado. 

Un mal día, la muchacha oyó el mugido de una vaca a su espalda, se giró de manera instintiva... y toda su riqueza se desvaneció. La mora desapareció para siempre, nunca más se supo de ella, aunque tal vez permanezca en algún rincón de la caverna al acecho de otra estilista cualificada.

Ramon Sender

Ramon J. Sender estudió los duendes de Zaidín 

 Colaboradores

La comarca del Bajo Cinca es una reputada cantera de duendes, unos seres de pequeño tamaño que se ocultan en las casas y aturullan a sus habitantes. Sin llegar a la maldad, son traviesos y juguetones, y resulta muy complicado desembarazarse de ellos, porque se ríen hasta de los exorcismos. El escritor Ramón J. Sender estudió los del pueblo de Zaidín, de quienes extrajo una buena opinión: según él, pasaban las noches tejiendo en algunas casas sin esperar nada a cambio, quizá como agradecimiento por su acogida. 

Algo parecido sucede con los duendes del valle de Hecho, que son amigos de las vacas y los bueyes. Cuando esos duendes se encuentran a gusto en una vivienda, conceden que sus vacas den más leche, motivo que los hace muy apreciados por los ganaderos locales.

Lanaja tiene un toro en su escudo que guarda relación con la historia machista

Sin abandonar los bovinos, el pueblo de Lanaja tiene un toro en su escudo, si bien este no guarda relación con los duendes ni con la ganadería, sino con la violencia machista. La historia retrocede, una vez más, a la alta edad media, cuando los cristianos reconquistaron la villa.

Cierto caballero cristiano, más bien rijoso y desaprensivo, se encandiló de una joven mora, a quien quiso tomar sin su consentimiento y por las malas. La asustada muchacha se refugió en la mezquita local, pero el guerrero no respetó el lugar sagrado. La mora, acorralada, huyó por un pasadizo, mientras su perseguidor le pisaba los talones. Cuando este ya se relamía los bigotes, la joven se transformó en un toro enfurecido, embistió al acosador y lo puso pies en polvorosa.

El santuario de Guayente, en Sahún, también está rodeado de leyendas

El santuario de Guayente, en Sahún, también está rodeado de leyendas

 Basotxerri / Wikimedia Commons CC BY-SA 4.0

Advertida por los vecinos, la familia de la mora acudió en su ayuda, encontrando al toro, que se mostró manso y afectuoso. Pero, ¡ay!, cuando le pidieron que recuperara la forma humana, el astado se metamorfoseó en una estatua de oro. Desde entonces, muchos buscadores de tesoros han husmeado en busca del pasadizo y de la estatua, sin que ninguno diera con ellos. Si quieren hacerse una idea del aspecto del animal, tendrán que conformarse con la silueta del cornúpeta que aparece en el escudo local.

La religión cristiana también tiene un papel en muchas leyendas. Uno de sus templos más venerados es el santuario de Guayente, que se alza sobre un escarpado cercano al pueblo de Sahún. Su origen se remonta al año 1070 y a un caballero llamado Hernando de Azcón. A este se le apareció la Virgen (literalmente) en un paraje conocido como Roques Trencadas. El noble agradeció el privilegio pagando la construcción de una ermita allí.

La tradición sugiere que Dios envió a los constructores del santuario por intercesión de su madre

La relación entre la familia Azcón y la Madre de Dios no acabó con ese gesto, los descendientes recibieron más favores, hasta que uno de ellos, Pedro de Azcón, decidió rascarse el bolsillo y ampliar el santuario, convertirlo en una verdadera iglesia. El problema era cómo encontrar un maestro de obras capacitado.

Cierto día, dos jóvenes entraron en la ermita mientras Pedro de Azcón rezaba en ella. Entablaron conversación, un tema llevó a otro, y el noble acabó confesando su proyecto casi sin darse cuenta. Los muchachos se ofrecieron a ocuparse del asunto. Fue un acierto, porque las obras avanzaron de una manera incomprensible, milagrosa, hasta dar forma al templo actual. 

Paisaje del Monte Perdido.

Paisaje del Monte Perdido.

 Terceros

Cuando el noble quiso pagarles su trabajo, se negaron a aceptar ninguna remuneración, simplemente se fueron por donde habían venido, nunca más se supo de ellos. La tradición local sugiere que los envió el mismísimo Dios por intercesión de su madre. Desde entonces, el santuario es un destino muy estimado en la comarca para la celebración de matrimonios y bautizos, y para pedir favores a la Virgen, unas peticiones que, al parecer, esta satisface la mayor parte de las veces.

Tal vez ustedes hayan leído que la Tierra cambia, pero de una manera muy lenta, inapreciable para la mirada humana. No siempre sucede así, sobre todo cuando la magia anda por medio.

El Monte Perdido surgió en memoria de un pastor malhumorado

Al norte de la provincia de Huesca hubo un extensísimo prado adonde los pastores llevaban sus ovejas a pastar. Uno de esos pastores mataba el rato sentado sobre una piedra, cuando un vagabundo le pidió un poco de comida. "Dios te la pagará", arguyó. Tal vez lo pilló en un mal momento, pero el pastor despidió al menesteroso con cajas destempladas. 

Inmediatamente el prado quedó cubierto por una niebla espesa, sobrenatural. El pastor intentó agrupar su rebaño, sin éxito. Ovejas y pastor todavía andarán por ahí, caminando sin ton ni son, extraviados para siempre. En el lugar surgió una gigantesca montaña, toda ella de roca y hielo... como el corazón del pastor. En memoria de su castigo la bautizaron Monte Perdido.

Fuente


6 pueblos de España famosos por sus historias de brujería

 


6 pueblos de España famosos por sus historias de brujería


Los aquelarres e historias de brujería no solo han colmado las páginas de miles de libros o las escenas de centenares de películas, sino que también se han convertido en un atractivo turístico para algunas pequeñas localidades españolas.



Las historias de brujas y sus aquelarres han formado parte de las leyendas populares de prácticamente todas las zonas del mundo. Desde las famosas cazas de brujas en Salem hasta las llamadas brujas medievales de Noruega, pasando por la temible Calon Arang de Indonesia; la brujería ha formado parte de la historia de prácticamente todas las culturas del mundo.




No es necesario irse demasiado lejos para encontrar historias de terror, misterio, fantasmas y, por supuesto, brujas. Así, Civitatis, la empresa líder en la venta de visitas guiadas, excursiones y free tour en español por todo el mundo, ha preparado un listado que recoge los 6 pueblos de España famosos por sus historias de brujería para todo aquel que quiera (o se atreva) visitarlos en estos tiempos de turismo de proximidad. 



1. Zugarramurdi (Pamplona)

En pleno Valle del Baztán se encuentra Zugarramurdi, el pueblo de las brujas por antonomasia. Ya lo plasmó hace años el cineasta Álex de la Iglesia en su película Las Brujas de Zugarramurdi, pero las leyendas sobre aquelarres que hacen referencia a este pequeño pueblo navarro vienen de muchos siglos atrás, concretamente de la época en la que la inmisericorde Inquisición recorría España en busca de herejes y brujas para hacerles pagar por sus pecados.


2. Trasmoz (Zaragoza)

La localidad de Trasmoz es otro de esos lugares que deben aparecer en esta lista de los  pueblos de España famosos por sus aquelarres. No en vano es la única localidad oficialmente maldita y excomulgada por la Iglesia. Localizado en la provincia de Zaragoza, Trasmoz presume de ser uno de los pueblos más misteriosos de España. Según cuentan sus menos de 100 habitantes, en el pasado, el castillo de Trasmoz era el lugar de reunión de distintos aquelarres.

Actualmente, el pueblo ha encontrado un filón turístico en estas misteriosas historias, y ofrece a los turistas un Museo de la Brujería y, el primer sábado del mes de julio, la peculiar Feria de la Brujería y Plantas Medicinales. 


3. San Salvador de Coiro (Pontevedra)

En la provincia de Pontevedra, entre las rías de Vigo y Aldán, se encuentra San Salvador de Coiro, una pequeña localidad conocida por su pasado relacionado con la brujería y el esoterismo. Cuenta la leyenda que los aquelarres se reunían en la playa de Coiro para realizar sus hechizos y llamar a las ánimas errantes de la zona. Sin embargo, la parte de esta historia que más perturbaba al pueblo era cómo convocaban esta reunión: según cuentan, la campana de la iglesia de San Salvador de Coiro resonaba en toda la localidad sin que nadie la tañese para llamar a las brujas.


4. Soportújar (Granada)

Soportújar se sitúa en la zona de La Alpujarra, a poco más de una hora de Granada. Cuenta la leyenda que este pequeño municipio fue fundado por un aquelarre procedente de Galicia que huyó al sur para escapar de las garras de la Inquisición. Paseando por el pueblo es posible encontrar multitud de referencias a las primeras hechiceras que poblaron este lugar. Desde la enorme cabeza de la bruja nórdica Baba Yaga, que da la bienvenida al pueblo, hasta el Mirador del Aquelarre o la Cueva Ojo de Bruja. Incluso, durante el mes de agosto, los soportujeros (¡también llamados “brujos”!) celebran la Feria del Embrujo.


5. La Lastra (Madrid)

A los pies de la Sierra de Guadarrama se encuentra la antigua aldea de La Lastra, un lugar que fue arrasado por los bombardeos durante la Guerra Civil. Además de ser un lugar famoso por sus apariciones y actividad paranormal, dicen que antes de que llegasen los fantasmas de la guerra este ya era un pueblo de brujas. Según cuentan los habitantes de los pueblos vecinos, en La Lastra vivían grupos de mujeres que se adentraban por la noche en el bosque para practicar magia negra. Incluso se dice que, allí donde practicaban sus hechizos, brotaban setas formando un círculo que señalaba dónde había estado el aquelarre.

La leyenda llegó a trascender hasta tal punto que los vecinos de localidades aledañas de Madrid como Robledo de Chavela o Valdemaqueda se organizaban por las noches para cazarlas y obligarlas a confesar sus pecados.


6. Cernégula (Burgos)

Esta pequeña aldea burgalesa de no más de 70 habitantes fue en el pasado un importante foco de brujería que trajo de cabeza a la Iglesia católica. Cuentan que la Charca de Cernégula, conocida por los locales como La Pila, era el lugar de encuentro de distintos aquelarres procedentes de Cantabria, Navarra y Castilla durante los siglos XV y XVI. A orillas de estas aguas, las brujas se reunían a orillas para intercambiar pócimas y hechizos y aumentar su poder.

A día de hoy, en Cernégula es posible admirar la escultura de una bruja de hierro en medio de la charca, como homenaje al oscuro pasado de esta localidad.

Fuente

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El Anillo Atlante y su poder mágico



Una versión de piedra de este anillo fue descubierta en el Valle de los Reyes de Egipto en 1860 por Marquis D'Agrain, egiptólogo de origen francés.

D'Agrain sostenía que el anillo procedía de la legendaria ciudad de Atlantis.
Este anillo paso a propiedad del radiestesista francés André de Bélizal, quien estudió el anillo y fue protegido por él durante su vida. El encontró que la forma geométrica grabada en el anillo, así como sus proporciones y distribución le profería facultades especiales.
Debido a su diseño basado en energías de forma, cataliza poderosas fuerzas cósmicas y se revela como una mágica protección contra influencias negativas o maléficas de cualquier naturaleza.
Protege de manera eficaz contra accidentes geopáticos, tecnopáticos, atentados físicos o energéticos.
Restablece funciones perturbadas y despierta el nivel profundo de la mente.
En cuanto a los accidentes geopáticos o geopatías, son aquellos lugares donde las radiaciones electromagnéticas que emana la Tierra pueden afectar la salud de las personas, animales y plantas produciendo enfermedad si se permanece largos periodos de tiempo en ellos, así como insomnio, cansancio , dolores de cabeza, problemas circulatorios o cardiacos, nerviosismo, irritabilidad o estado de ánimo depresivo.

Dichas geopatías pueden ser:
La red magnética de la Tierra.
Yacimientos minerales, grietas, fisuras, fallas y fracturas, volcanes etc.
Corrientes de agua subterráneas.
La contaminación por tecnopatías también causa numerosos problemas de salud.
Puede provenir del exterior como las líneas de alta tensión y sus transformadores, antenas de radio etc. Y del interior de equipos electrónicos y electrodomésticos de la vivienda, como radios, teléfonos, televisores, computadoras, tomas y enchufes entre otros.
Estos pueden influir en la aparición de cáncer y enfermedades del sistema nervioso central.
ESTRUCTURA DEL ANILLO
  • Las tres líneas: forman una rejilla que absorbe las energías
  • Los 4 orificios: diametralmente opuestos son las vías donde fluyen las energías, hacia el interior, las positivas, por los orificios de los triángulos isósceles y hacia el exterior, que son las negativas, por los otros dos.
  • Figura del infinito: describe la forma de vibración de la energía cuya función es servir de multiplicador, suministrando energía positiva y extrayendo la negativa, sin tener principio ni fin.
  • Las 6 figuras geométricas o aristas: captan, acumulan, potencian y emiten energía cósmica en forma de vibraciones electromagnéticas.
  • Triángulos isósceles: se encargan de filtrar la energía recogida por las 6 figuras geométricas y convertirla en energía positiva.
En los dedos de las manos existen canales por donde circula energía vital.

Utilizado en la MANO DERECHA actúa sobre los problemas físicos:
  • pulgar: cabeza y cuello
  • índice: órganos de la columna
  • corazón: sistema circulatorio, linfático, cabeza, abdomen, corazón, riñón, hígado, tórax, cerebro y los vasos.
  • anular: sistema endócrino, inmunológico, nervioso, urogenital, el bazo, páncreas, hipotálamo, pituitaria y pineal.
  • meñique: sistema respiratorio, las mamas, los pulmones, riñón, duodeno, coronarias y corazón.
En la MANO IZQUIERDA actúa sobre las emociones:

  • pulgar: sentimientos, escuchar a los demás, analizar lo que nos rodea sin prisas, expresar ideas que nos irritan.
  • índice: autoestima, miedo a la soledad, tristeza, elimina la culpa, el orgullo y pe donar, desprendimiento del pasado.
  • corazón: fluidez en las ideas, alegría, expresar amor, aceptación de nosotros mismos, autosuficiencia, estabilidad emocional, vencer la frustración, rencor, ira agresividad e impaciencia, tener amabilidad.
  • anular: no sentirnos humillados, no ser posesivos y obsesivos, no preocuparnos por todo, no sentirnos desvalorizados, al miedo en exceso, a la culpa, a los celos y conflictos sexuales.
  • meñique: estrés emocional, conflictos de pareja, trabajo, familia, amigos, nos ayuda a ser compasivos, a asumir riesgos, estados depresivos y ansiedad.
Tener un Anillo Atlante no es cualquier cosa, es muy valioso. Cada uno tendrá una experiencia distinta.
Curiosamente sus líneas y relieves, ademas de ejercer una irradiación protectora, resulta un diseño hermoso para lucir a la vez que protege y neutraliza las radiaciones negativas.

La Adivinación en la historia

 

Las técnicas adivinatorias fueron muy practicadas durante esta época. Podemos destacar: 

  • La oniromancia. 
  •  Las profecías. 
  •  La astrología. 

23 24 Martín del Río habla extensamente de las artes adivinatorias en el libro III de sus Disquisiciones mágicas (1599) , distinguiendo la necromancia, hidromancia, lecanomancia, catoptromancia, cristalomancia (modos diversos de la adivinación por espejos o superficies tersas) y otras artes mucho más peregrinas como dactilomancia (anillos movidos sobre un trípode), onicomancia (por las uñas manchadas de aceite), acromancia, farmacia, coscinomancia (usaban como instrumentos una criba y unas tenazas), axinomancia (rotación de una cuchilla sobre un palo), cefaleonomancia (por medio de una cabeza asno u otro animal asada), cleidonomancia (adivinar por llaves), daphnomancia (conmbustión del laurel), bolanomancia (predicción del futuro con ramos de verbena o salvia), onfalomancia (especialidad de las parteras), soixeiomancia (abrir al azar los poemas de Homero y Virgilio).



Caravaggio.


Nicolás de Bolonia.


Nicholas Regnier.


La Tour.


 “La verdadera astrología habla de cosas que se causan por las virtudes de los cielos, que con sus movimientos y luces alteran el aire y la mar y la tierra...el verdadero filósofo que conoce las virtudes y propiedades de las estrellas, podrá por ellas conocer los efectos sobredichos en los elementos y en los hombres y aves y animalias...la falsa astrología no es arte ni ciencia verdadera, antes es una superstición...y hay dos maneras principales de cosas que las estrellas no la pueden hacer ni ser causa de ellas. Las primeras con las cosas de acaecimientos por diversos casos de fortunas, que a deshora acaecen sin pensar los hombres en ellas, así, como al que va a la plaza por comprar lo que ha menester para su casa, algunas veces cae una teja o piedra del tejado y lo descalabra, ...las segundas cosas de que no se puede haber ciencia por las estrellas son los secretos del corazón y voluntad de hombre ...el astrólogo que quiere aplicar las estrellas a juzgar de estas dos maneras de cosas que dicho habemos, es vano y supersticioso, y tiene pacto secreto con el diablo (Pedro Ciruelo, Reprobación de supersticiones y hechicerías).


 

Catalunya ejecutó a 400 “adoradoras del diablo” entre 1616 y 1622: Francina Redorta fue una de ellas

 


Catalunya ejecutó a 400 “adoradoras del diablo” entre 1616 y 1622: Francina Redorta fue una de ellas

Al principio, Francina Redorta negó que fuera una bruja. Pero todos en Menàrguens sabíamos que lo era. Y bien que lo confesó en cuanto la torturaron, entre alaridos de dolor, llantos, Dios míos e invocaciones a la Virgen. En la espalda tenía la marca del diablo, que afloró con agua bendita. ¿Quién podía dudar de sus tratos con el Maligno? Era vieja, viuda y pobre. Y preparaba pócimas y ungüentos. Recibió lo que se merecía.

Esta reflexión es ficticia. Francina Redorta, no. El 3 de octubre de 1616 la viuda de Miquel Redorta, de Menàrguens, en Lleida, fue condenada “per bruixa i metzinera” (bruja y envenenadora). La ahorcaron desnuda de cintura para arriba, como reflejó el escribano del proceso. Suyo es el único dibujo que tenemos de una bruja catalana, que se conserva en el archivo del monasterio de Poblet (documento 19, armario II, cajón 9).

 
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El legajo de Francina Redorta 

 © foto F. Bedmar - Archivo de Poblet / MHCat

La edad media acabó en 1492. Francina Redorta fue una de las 400 brujas ajusticiadas en Catalunya mucho después, entre 1616 y 1622. Ya hubo ejecuciones antes. La primera conocida es de 1522, en la plaza del Rei de Barcelona, donde la Inquisición quemó a una mujer. Pero el periodo de 1616 a 1622 marca el apogeo de la caza sistemática de las culpables de las malas cosechas, sequías, inundaciones, muertes de bebés…

Aunque el cliché relaciona el Santo Oficio, la brujería y las hogueras, la inmensa mayoría de las víctimas catalanas fueron ahorcadas y no por orden de la Inquisición, sino de tribunales civiles locales. Así lo recuerdan historiadores como Teresa Vinyoles, Jaume de Puig, Agustí Alcoberro, Antoni Pladevall, Joan Bada y Josefina Roma, algunos de los expertos que colaboraron en la exposición Per bruixa i metzinera.

La plaza del Rei

La plaza del Rei 

 José María Alguersuari

Per bruixa i metzinera ha sido y es desde el 2007 un gran éxito del Museu d’Història de Catalunya. La muestra ha recorrido el país y puede visitarse virtualmente. Su mérito es romper tópicos (como el de la Inquisición) y trasladarnos a un pasado no tan lejano como quisiéramos. Si hubiéramos vivido en la Catalunya del siglo XVII, muchos de nosotros suscribiríamos las palabras iniciales de este reportaje y sin necesidad de cursivas.

Desde luego, eso pensaban una veintena de vecinos de Francina Redorta. Gentes como Jerónima Soldevila, Elisabet Canyelles, Mateu Oriola, Margarita Vivor o las hermanas Quexelós, una de las cuales declaró:  “Yo, señor, la tengo por bruja y envenenadora, como todos en el pueblo”. Hoy es posible el acceso íntegro a este proceso, en catalán y latín, gracias a la labor de hormiguita de la ilerdense Olga Olivera-Tabeni.

La historia le interesaba especialmente a esta artista visual porque sucedió muy cerca de su pueblo. A pesar de que no es paleógrafa, se involucró tanto en la investigación de los juicios por brujería en Catalunya que logró que un monje de Poblet le enviara las 38 hojas escaneadas del proceso contra Francina Redorta. La transcripción del texto formó parte del proyecto y libro artístico Temptativa d’inventaris, del 2019.

Como descubrió Olga Olivera-Tabeni, los denunciantes pudieron tranquilizar su conciencia. La propia acusada, una anciana de "unos 45 años" (mucho para la época), admitió los hechos y delató a otras presuntas adoradoras del diablo. Aunque al principio solo reconoció ser curandera, acabó haciendo “voluntaria confesión tras ser torturada”. Así lo reconoce el escribano, no se sabe si con ingenuidad o cinismo.

Las sospechosas era atadas sobre un banco y los verdugos les dislocaban los brazos. Si resistían este tormento, como hizo nuestra protagonista, las suspendían de los manos y les ataban a los pies pesos para aumentar el dolor. En su caso, y "para que dijera la verdad”, le colocaron sendas piedras “de dos arrobas” (unos 25 kilos cada una). Solo entonces, entre “gritos de misericordia”, dijo lo que querían que dijera.

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Cuatro ejecuciones en Inglaterra, grabado de 1655 

 A New History of Witchcraft

Mató a niños y adultos con higos y manzanas envenenadas (imposible no recordar a Blancanieves). Emponzoñó la comida y el agua del ganado. Provocó pedriscos que arruinaron cosechas, y cometió “muchos y diferentes maleficios”. También dijo conocer a otras tres brujas, viudas como ella, a las que denunció con nombres y apellidos. Bajo torturas, quizá esas tres denunciarían a su vez a otras tantas. Y vuelta a empezar.

Le pasó a Francina Redorta. Pero también a la leridana Valentina Guarner, del Pallars Sobirà. O a las barcelonesas Maria Pujol, de Prats de Lluçanès, y Elisabet Martí, de Seba. Y a… El gran historiador Joan Reglà (1917-1973) estableció en 1956 la cifra de 400 ejecutadas en un capítulo de una de sus mejores obras, Els virreis de Catalunya (editorial Vicens Vives). Desde entonces, el dato ha sido comúnmente aceptado.

herejes

Camino de la hoguera, de 'Historia Inquisitionis', de 1693 

 WC / MHCat

A pesar de su eterna leyenda negra, este episodio fue dramático en España, pero residual en comparación con la magnitud que adquirió en otros países. Entre 1450 y 1750 (¡1750, mediados del siglo XVIII!), “Europa vivió un intenso fenómeno represivo: la caza de brujas”, dice Agustí Alcoberro, doctor en Historia Moderna y autor de Pirates, bandolers i bruixes a la Catalunya dels segles XVI i XVII (Barcanova).

Lo peor llegó entre 1450 y 1500. Y, sobre todo, de 1580 a 1650. Hubo unos 110.000 procesos y 60.000 ajusticiamientos (el 50%, en Alemania, aunque solo el cantón suizo de Vaud registró 3.000 ejecuciones). También hubo brujos, pero ellas eran abrumadora mayoría por la sencilla razón de que “las mujeres son malas por naturaleza”, como sostenían dos inquisidores y dominicos alemanes, autores de un insólito best seller:

La martirizada Francina Redorta era natural de Menàrguens, pero podría haber nacido en otras localidades de Lleida, como Castelló de Farfanya, Montclar d’Urgell, Bellpuig o Torregrossa. O de Barcelona, como Lluçanès, Sallent, Santpedor, Manresa o l’Esquirol, donde hubo juicios parecidos. Los condados más afectados, sin embargo, fueron los del Rosselló y la Cerdanya. Aquellas 400 mujeres tenían algo en común.

Pocos lo han resumido mejor que el arqueólogo, naturalista y explorador Jordi Serrallonga: “Primero asesinamos a Hipatia, por ser mujer y sabia; después procesamos a Galileo, cuando nos sacó a bailar en torno al sol; quemamos a las brujas y hechiceras, en posesión de conocimientos médicos reales, y acabamos mofándonos de Darwin por osar plantear que descendíamos de un pequeño y peludo simio africano”.

Malleus maleficarum

El 'Malleus maleficarum' 

 WC

Francina era una de esas mujeres de las que habla el profesor Serrallonga en Dioses con pies de barro (Crítica). Sus remedios consistían en sustancias naturales y trapos humedecidos en vinagre, además de oraciones y avemarías. Catalunya tenía una rica tradición que ha llegado hasta nuestros días: las remeieres y trementinaires. Estas herbolarias y curanderas se pasaban sus conocimientos sobre plantas curativas de unas a otras.

La trementina, de ahí el nombre con el que eran conocidas, era su producto estrella. Se obtenía de la resina del pino y tenía un sinfín de usos, desde repelente de insectos a desinfectante. Pero en una sociedad en busca de chivos expiatorios por fenómenos que no entendía, como las plagas que arruinaban los cultivos, la frontera entre las trementinaires y las metzineres se fue difuminando cada vez más y más.

La

'Tribunal de la Inquisición', de Goya 

 Real Academia de Bellas Artes de San Fernando

No pasó en la noche de los tiempos. El último ahorcamiento de una bruja catalana es de 1767. El último juicio en nuestro país se celebró, en Sevilla, en 1789, el año de la Revolución Francesa y del siglo de las luces. Tampoco fue un fenómeno general en España, a diferencia de la persecución de los herejes y los judíos, hermanados con las hechiceras y adoradoras del diablo porque también se les acusaba de infanticidios y envenenamientos.

El castigo a los unos y las otras, culpables de todos los males habidos y por haber, era una cortina de humo ideal para desviar el malestar social. O una vía de escape para dirimir rencillas personales. La práctica generalizada de la tortura, que confirmaba los apriorismos de los torturadores, hizo el resto: las brujas existían, volaban en escobas y el demonio se les presentaba en forma de gran macho cabrío en los aquelarres.

el aquelarre

'El aquelarre', de Goya 

 Museo Lázaro Galdiano

Fuera de Catalunya, y con las importantes excepciones de los procesos de Zugarramurdi-Urdax, en Navarra, y Pancorbo, en Burgos, la caza de brujas apenas tuvo importancia en España. Ni hechos de un pasado remotísimo ni inquisitoriales. Todos los historiadores que han abordado la cuestión destacan que la caza de brujas en las tierras catalanas de comienzos del siglo XVII fue más un fenómeno civil y local que religioso.

De hecho, la propia Iglesia desautorizó los juicios contra las brujas en 1622 y serenó un poco los ánimos. Siguió habiendo procesos, ya lo hemos visto, pero aislados y con cuentagotas. Eso no justifica a la Inquisición ni exculpa a la jerarquía eclesiástica de sus desmanes anteriores o posteriores ni de su papel en el fanatismo de los fieles. Su tardanza en reaccionar propició que 400 mujeres fueran martirizadas y ahorcadas.

brujas y brujos

Una miniatura medieval sobre un aquelarre 

 Bibliothèque Nationale de France / MHCat

Una de aquellas inocentes fue Francina Redorta. Pensemos en ella cuando releamos los cuentos de hadas y brujas. Sí, pensemos en una desgraciada cuyo peor delito fue tener una señal en el omoplato izquierdo, la marca del diablo. Casi cualquier cosa servía ante los ojos de los cazadores para identificar a seres malignos: una verruga, un lunar, una cicatriz.

“¿Quién te puso esa señal en la espalda? ¿El demonio?”, le preguntaba el interrogador. Y ella lo negó mientras tuvo fuerzas para resistir los tormentos. Una vez se desmoronó, lo aceptó todo y contestó a preguntas que ya incluían la respuesta. Solo se mantuvo firme en una cosa. Dijo que las personas que la denunciaron, esas mismas personas que la mataron “per bruixa i metzinera”, le parecieron siempre “honradas y virtuosas”.